Fenómeno del Niño: desastre u oportunidad

 El Fenómeno del Niño es un evento natural con el que el poblador de lo que hoy es el Perú, ha tenido que convivir desde hace más de 10 mil años. Sin embargo, este fenómeno tan temido -que ocupa hoy en día- el primer lugar de prioridades de nuestra nueva presidente,  ¿ Es per se un evento desastroso o sus efectos son en realidad producto de la torpeza de las autoridades en su manejo ?

Siempre digo que "de la historia se aprende". Veamos entonces qué nos dice respecto a este tema.

Los peruanos tenemos que entender que planificar el desarrollo del país significa anticiparse  las necesidades de su población incluyendo la implementación de medidas de prevención para reducir los impactos en tiempos de crisis o de catástrofes. Así, desde Caral hasta el Tahuantinsuyo, se usó el quipu para almacenar toda la información pertinente respecto a su población así como para planificar sus políticas de gobierno las cuales debían funcionar en épocas de paz, de guerra y en cualquier tipo de desastre. La prevención fue un criterio primordial para el cuidado y protección de la población.

Los pobladores prehispánicos entendieron que no podían controlar el Fenómeno del Niño pero aprendieron a adaptarse a sus efectos, inclusive a aprovecharlos. Así, se construyeron canales, reservorios y sistemas de riego para almacenar y distribuir el agua. Las zonas desérticas se convertían en pastizales que servían de alimento a los animales y se cultivaba en los suelos enriquecidos por los sedimentos dejados por los huaycos. Respecto a la pesca, se aprovechaba en capturar las especies de aguas cálidas de tal manera que no había interrupción en el aprovechamiento de los recursos marinos.

En cuanto a sus asentamientos, éstos se ubicaban fuera de las zonas de drenaje. Se desarrollaron técnicas para reducir los daños por inundaciones como canales de drenaje y las  construcciones se hacían en terrenos elevados y estratégicos.

Así, desarrollaron diversas estrategias de adaptación al entorno natural convirtiendo lo que potencialmente sería un desastre, en oportunidades para su economía. Adaptarse y sobrevivir era la clave. Ésta es una verdad que nunca cambiará a través de la historia.

Hoy en día en cambio, el Fenómeno del Niño genera preocupación por sus graves efectos en la población, en las ciudades y en la economía y aquí es donde la historia entra a tallar, pero no aprendemos. Podríamos aprovechar más bien sus efectos pero las instituciones y las autoridades no dan la talla a diferencia de las sociedades prehispánicas.

Controlar los efectos del Fenómeno del Niño en realidad no debería ser una tarea titánica si se tomaran  medidas de prevención como lo hicieron nuestros antepasados. Pero no, hoy en día las poblaciones se ubican en cauces secos o quebradas y en zonas inundables. No se limpian los cauces ni tampoco se encausan los ríos debidamente; por ello se desbordan. La planificación urbana deficiente y el tráfico de terrenos permiten el crecimiento desordenado de las poblaciones y finalmente, tenemos una infraestructura vial de baja calidad: puentes, sistemas de drenaje y carreteras que colapsan e inadecuadas defensas ribereñas que no están preparadas para soportar lluvias extraordinarias.

Si lo dicho anteriormente se tomara en cuenta por las autoridades responsables, particularmente de los gobiernos locales, la realidad sería otra pero , como siempre, la falta de la necesaria prevención y la corrupción en el uso de los recursos asignados a los gobernadores y alcaldes ocasionan que en cada Fenómeno del Niño se repitan las mismas desgracias y nunca se aprenda la lección.

Pienso que el manejo de la prevención y la actuación respecto al Niño, debe estar en manos de una entidad 100 % técnica dependiente de la PCM, que en todo caso actúe en coordinación con los gobiernos locales porque evidentemente éstos  no tienen ni el criterio ni los profesionales competentes ni la suficiente honorabilidad en el uso del dinero público para tener un desempeño óptimo.

JULIA SCHABAUER




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